Diferentes, pero necesariamente uniformes

El dominó mundial adolece de muchas estandarizaciones, varían las reglas y los sistemas competitivos en cada torneo, cada fabricante construye a su forma, manera y estilo. Muchos detalles varían según la sede donde se realice el evento, por lo cual se puede concluir que el dominó es una mezcla de detalles dispares.

En casi la totalidad de los deportes el físico identifica al atleta, esto lo vemos en el básquet, el atletismo, la lucha libre e incluso el tenis de campo (siempre que estén uniformados y equipados).

Sin embargo, existen deportes donde esto no surte efecto, tal es el caso del ajedrez o el dominó, tema que trataremos en este escrito.

En el dominó los atletas no tienen figura estereotipada, ni porte estándar que los distingan, ni edad que los limite. En algunas ocasiones pueden ser gigantes y en otras pequeñines, los hay delgados transparentes y otros gordos que hacen que los organizadores de eventos tengan que crear condiciones específicas para ellos.

Cuando usted arriba a un mundial, si se eliminan los anuncios usted no sabe adónde ha llegado, es tanta la disparidad en el vestir que parece la grada de un partido de beisbol de grandes ligas. Los que más se acercan a posibles jugadores de dominó son los que circulan juntos en delegaciones, pero incluso entre ellos es difícil identificar quien es jugador o entrenador. La duda de quienes son los jugadores de un evento no se aclara hasta que llega el momento de competir y cada quien ocupa su lugar en las mesas de dominó.

La cúspide la disparidad se observa a la hora de sentarse en la primera ronda, hablando en términos televisivos, hágase un paneo de la cámara y verá el mosaico de rostros por mesa de juego. Aquí puede coincidir que el actual campeón mundial juegue de pareja con una señora que vino a probar su buena fortuna luego de ganarle todos los partidos a su esposo en casa o, que un amateur juegue contra el bull dog de la Florida o Paco Preston, campeón del abierto de Aguas Calientes en 1976. Así de heterogéneo es el tema del dominó.

Hemos exagerado y bromeado un poco, sin que dejen de ser verdades algunos aspectos, hemos querido llamar la atención sobre la diversidad de personas que lo practican, lo cual lo hace posiblemente uno de los más jugados en el mundo.

Esa potencialidad, se debe transformar en energía para con acciones convertirlo de una vez por todas en un deporte con reconocimiento mundial y olímpico. Aunque el dominó es considerado deporte en algunos países, se debe trabajar en la profesionalización del mismo, entiéndase esto como unión de federaciones, formación de escuelas, estandarización y definición de parámetros tanto en categorización de jugadores como de eventos, entre otras muchas acciones.

No hace falta uniformar ni estereotipar físicos, pero si se necesita trabajar en formas de competir y reglamentos estándar, el camino hacia la conversión a deporte lleva trabajo global, unidad de conceptos, estudios serios deportivos para investigar las mejores prácticas y generalizarlas, convocar a las instituciones de desarrollo tecnológico, darles los problemas técnicos y evaluar las soluciones resultantes.

El dominó como deporte, en su área de competición, la mesa, tiene la posibilidad de unir para un mismo propósito a todo tipo de género, edad, condición física, profesiones, credos políticos o religiosos, esos detalles lo hacen único y refuerzan la convicción de luchar por materializar la visión olímpica, para ello se debe trabajar, crear, divulgar y utilizar patrones uniformes y universales.

Revista Sport Domino v3.0 – 23

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